Hace unos días me pidieron en casa que hiciera tortitas y me acordé que hacía unos meses me habían dado una receta de tortitas que me dijeron salían espectaculares. Me puse a buscar la receta para hacerla y no di con ella, probablemente aparecerá el día menos pensado donde menos me lo espere como suele ocurrir.
El caso es que me acordé que durante mi época de estudiante hacía unas tortitas buenísimas que llevo años sin hacer. Saqué mi recetario particular donde apuntaba hasta que empecé con el blog todas las recetas que hacía y casi al principio estaba la receta de estas tortitas.
Conforme iba leyendo la receta me acordaba de la de veces que las había hecho para merendar muchos de los fines de semana que me quedaba en el piso de estudiantes y lo que gustaban siempre. Cuando las hice por primera vez me pareció que había hecho algo espectacular, tan sutil, tan cosmopolita que me parecieron…
No se porqué me traen además recuerdos de cuando era pequeña, no debía tener más de doce años, cuando en el pueblo de Valencia donde vivía abrieron cerca de casa una croissantería donde preparaban croissants rellenos tanto de dulce como de salado. Ir a aquella cafetería me parecía en aquel momento como lo más de lo más y me encantaba ir y oler el olorcito cuando ponían los croissants a la plancha, ummmm!!
Pues en esa misma época más o menos creo que descubrí también los gofres y los crepes, otra cumbre culinaria para mi en aquellos años. Todavía recuerdo el sabor del primer gofre que me comí y que me supo a gloria, calentito, con aquel chocolate derritiéndose…
Ahora visto en la distancia se da cuenta una de lo impresionables que somos a ciertas edades con las comidas o los sabores que nunca hemos probado y cómo esos recuerdos se quedan con nosotros, aunque he de decir que me alegro de que esa ilusión por los sabores nuevos o desconocidos me sigue impresionando y que cuando me ocurre ante algún plato nuevo disfruto una barbaridad.
Pasando a la receta en sí os diré que estas tortitas no llevan demasiada harina y eso hace que salgan unas bastante ligeras, por lo que si queréis que salgan más rellenitas añadid un par de cucharadas más de harina. 
Así que aquí os presento esta rica receta de tortitas super fáciles de hacer y que no se si estarán igual de buenas que la receta que he perdido pero lo que si os aseguro es que me han alimentado doblemente con la carga de recuerdos que llevan consigo.
Por último deciros que las tortitas que véis en la foto nos las comimos para desayunar con Nutella y que entre que las hacía y las ponía en el plato no daba abasto así que por poco les hago fotos.
Ingredientes:
(salieron 10 tortitas con un diámetro de 13 cms. que era el de la sartén)
1 huevo
1 vaso de leche entera (200 ml.)
5 cucharadas colmadas de harina
3 cucharadas colmadas de azúcar
1 cucharada de aceite de oliva
1 sobre de gaseosa de repostería
Un poco de canela molida, al gusto
Un poco de vainilla en polvo o azúcar avainillada, al gusto
Mantequilla
Batimos hasta que estén bien mezclados el huevo, la leche, la harina, el azúcar, el aceite, la levadura, la canela y la vainilla y dejamos reposar la masa unos 20 minutos, aunque hay veces en que no la he dejado reposar y salen igual de buenas. Así quedó mi masa
Calentamos una sartén antiadherente y untamos la base con mantequilla para que no se peguen las tortitas. A continuación echamos una cucharada de las de repartir (tipo la de la foto) de masa y repartimos uniformemente por la base de la sartén.
Con el fuego medio para que no se nos queme la tortita esperamos que los bordes estén hechos y veamos que en la tortita salen como unos agujeritos.
Llegado ese momento damos la vuelta a la tortita con mucho cuidado aunque lo normal es que la primera nos salga un poco fea.
Hacemos la tortita por el otro lado y retiramos.
Repetimos la operación con el resto de la masa untando cada vez la sartén con mantequilla.
Una vez hechas las podéis acompañar de lo que más os guste: Nutella, nata, caramelo, mermelada…
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