Pero hay que ver lo peligrosas que son las conversaciones telefónicas con las amigas.
Empiezas hablando de un tema y terminas hablando de cualquier otra cosa que nada tiene que ver con el motivo por el que te ha o la has llamado.
Eso me pasó el otro día con mi amiga Ana que después de haber estado hablando durante media hora de lo terrenal y lo divino terminamos hablando de unos pulpos que había comprado y que tenía congelados.
Ana me comentó que muchas veces estaba tentada de comprarlos frescos para hacerlos a la gallega pero que le parece que poco menos que hay que hacer un conjuro, cantar una muñeira e invocar a la luna para que el pulpo salga bien, bueno todo eso lo he añadido yo aunque se que Ana se reirá cuando lea esta entrada y por eso lo escribo.
El caso es que fuera bromas a mi me pasaba algo parecido con el pulpo, le tenía un respeto casi reverencial hasta hace un par de veranos.
En verano la casa de mis padres parece una feria con tanto familiar yendo y viniendo de visita y una de esas visitas del verano fue la de un primo de mi padre que se llama Antonio y que nos dejó sorprendidísimos con el pulpo tan rico que preparó, y claro, allí estaba yo copiando la receta. Basta decir que Antonio es un estupendo cocinero.
Pues esa receta es la que hoy os traigo al blog por lo fácil y rico que sale el pulpo.
Os aseguro que si seguís los pasos al pie de la letra no hará falta que hagáis bailes extraños alrededor de la olla ni otras parafernalias para que os salga un pulpo excelente.
Así que Ana aquí tienes la receta que te prometí por teléfono, y es que lo que no se haga por los amigos…
Ingredientes:
Un pulpo fresco de un kilo o kilo y medio
1 hoja de laurel
1 cebolla
1 patata grande
3 litros de agua
Sal gorda o en escamas
Pimentón picante
Aceite de oliva
En primer lugar hay que preparar el pulpo intentando que todos los pasos que demos desde el principio sean para que nos quede lo más tierno posible pero sin pasarse.
Yo lo compro fresco y pido en la pescadería que le quiten las vísceras porque ahí está la tinta y luego las manchas salen muy mal.
Después cuando llego  a casa le quito los ojos y el espigón que tiene entre la cabeza y las patas. Esto no lo he pedido nunca en la pescadería pero imagino que también os lo harán.
Seguidamente congelo el pulpo al menos un día para que al cocinarlo se quede más blando, y aunque siempre lo suelo congelar alguna vez no lo he congelado y se ha quedado igualmente blando, no obstante os aconsejo el congelarlo por precaución.
Cuando lo voy a utilizar lo descongelo y lo cocino de la manera que seguidamente os indico.
Ponemos a hervir unos tres litros de agua con una cebolla entera pelada y una hoja de laurel.
Cuando el agua esté hirviendo hacemos lo que se llama asustar el pulpo que consiste en sumergir el pulpo durante cinco segundos en el agua y sacarlo, lo volvemos sumergir otra vez y lo sacamos y a la tercera lo dejamos ya en la olla para que cueza. Para esta operación me suelo ayudar de unas pinzas de cocina.
Cuando ya tengamos el pulpo en la olla metemos la patata pelada y dejamos cociendo a fuego medio hasta que la patata esté tierna, unos 25 minutos.
Cuando la patata esté tierna el pulpo estará hecho, apagamos entonces el fuego, sacamos la patata y dejamos el pulpo en la olla tapada durante unos 15 minutos para que repose.
Pasado ese tiempo preparamos el plato y para ello ponemos en una fuente la patata cocida en láminas y aliñamos con sal, pimentón y aceite de oliva al gusto.
Encima de la patata vamos troceando el pulpo y aliñamos igualmente con sal, pimentón y aceite de oliva.
Ya solo nos queda ir a la mesa y disfrutar.
Print Friendly