Soy una “disfrutona” de la comida en el sentido más amplio de la palabra: desde que pienso en un ingrediente, en una receta, cuando mentalmente ya la estoy saboreando y finalmente en la cata final cuando te sientas a comer y disfrutas, lo que os he dicho, una disfrutona. 
Y os cuento esto porque el otro día estaban echando en la tele en un canal de viajes un programa de gastronomía italiana en el que un cocinero cocinaba la receta que hoy os traigo al blog, y utilizaban un tipo de pasta que no es tan fácil de encontrar aunque se puede sustituir por otro tipo más común como macarrones por ejemplo. En fin que la receta quedó guardada en mi libreta de pendientes de hacer hasta que un sábado fui de compras con mi marido a un super con gran variedad de pasta. Me acordé inmediatamente de la receta pero no del tipo de pasta así que me puse a buscar alguna que me gustase y la elegida fue un tipo que se llama “caserecce” y cuya forma podéis ver en la foto. A ese tipo de cosas es a las que me refería cuando os decía que soy una disfrutona, utilizar un tipo de pasta que no he utilizado nunca, encontrar algún ingrediente que le va estupendamente a tal o cual plato…disfrutar del proceso.
Recuerdo que cuando estaba estudiando en Córdoba y quería hacer un descanso porque la mente no me daba para más, una de mis distracciones favoritas para desconectar era ir al supermercado de El Corte Inglés o del antiguo Simago que me pillaban relativamente cerca del piso de estudiantes en el que vivía y comprar algo del super que no conociese, y siempre con un presupuesto de gasto super ajustado que en esa época podía ser de quinientas o mil pesetas a lo más, los estudiantes ya se sabe que normalmente van justos de dinero, pero cómo disfrutaba de esas escapadas. Y no os creáis que acertaba siempre, a veces compraba cosas que iban directamente al cubo de la basura. Que tiempos.
Y no se porque os estoy contando todo esto, es lo que tiene lo de escribir cuando estás un poco inspirada que te enrollas demasiado.
La receta como podéis comprobar es sencilla y como comprobaréis también cuando la hagáis está buenísima, pero lo mejor es lo que he disfrutado durante el proceso hasta que finalmente tuve el plato de pasta humeante frente a mi invitándome a que me lo comiera.
Espero que vosotr@s disfrutéis también del proceso y os convirtáis, si no los sois ya, en un@s disfrutones.
Ingredientes:
200 gramos de pasta
200 grs. de panceta fresca de cerdo que tenga más proporción de carne que de grasa
5 tomates tipo pera
Una cuarta parte de una cebolla fresca
Queso parmesano rallado al gusto
Orégano al gusto
2 cucharadas de aceite de oliva 
En primer lugar para poder pelar bien los tomates tenemos o bien que escaldarlos en agua hirviendo un par de minutos o bien, que fue lo que yo hice, hacerles un corte en la piel y meterlos en una fuente apta para microondas durante 3 minutos. Pasado ese tiempo sacamos del micro y cuando se hayan enfriado ligeramente los pelamos y los troceamos en trozos grandes desechando el caldo que no necesitaremos. Reservamos.
A continuación quitamos la piel a la panceta y la troceamos en trozos pequeños. Ponemos la panceta a freir con el aceite en una sartén y cuando esté frita apartamos.
En el mismo aceite freimos a fuego fuerte la cebolla picada durante tres o cuatro minutos, añadiendo a continuación los tomates, y seguiremos cocinando igualmente a fuego fuerte durante 3 o 4 minutos.
Seguidamente echaremos la panceta al sofrito de tomate y la pasta cocida conforme diga el fabricante.
Por último añadimos el orégano y un poco de queso parmesano.
Retiramos del fuego y servimos con un poco más de parmesano y orégano por encima de la pasta en cada plato.
NOTA: la receta original llevaba queso pecorino rallado en vez de parmesano pero no lo encontré en el super. Os aconsejo además que compréis el queso parmesano en cuña y lo rayéis vosotros porque ya rallado pierde bastante sabor.
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