Hace unos meses compré una pasta grande con apariencia de cestitas que al parecer se llama “lumaconi”.
Estuve pensando en diferentes recetas para rellenar la pasta y finalmente decidí no complicarme mucho la vida e ir a lo seguro, hacerla como si fueran canelones con el mismo relleno que siempre hago para ellos.
La receta me la dió hace mucho tiempo la madre de mi amiga Ana que también se llama Ana y a la que desde aquí doy las gracias y le mando un beso.
Ana madre, me refiero así a ella cariñosamente, la hacía muchas veces cuando me quedaba a comer en casa de Ana porque sabía que a mi me encantaba y desde que me dió la receta la he hecho muchas veces.
Sus canelones con toda aquella bechamel, tan suaves, tan delicados, me parecían el summum sobre todo porque en mi casa mi madre, que no es demasiado amiga de la bechamel y de la mantequilla, nunca hacía ni hace este tipo de recetas. Es más de pequeña en casa nunca hubo mantequilla ni para tostadas ni para bocadillos ni para nada de nada. No fue hasta que me fui a estudiar fuera cuando precisamente mi amiga Ana comenzó a incluirla en la compra semanal.
La verdad es que entiendo la posición de mi madre que oriunda como es al igual que mi padre de Jaén y criados en lo más profundo de la cultura del aceite de oliva, nos inculcaron a mi hermano y a mi en dicha cultura que era la más cercana a ellos.
Hoy en día siempre tengo mantequilla en casa pero es curioso que tan solo la uso para cocinar y en un porcentaje el 0,0000001% alguna vez para una tostada. Y es que no cambio el aceite de oliva por  nada del mundo y menos para mis tostadas del desayuno. 
Pero bueno que no se porque os estoy contando todo este rollo sobre gustos lácteos porque lo interesante es la receta que paso a contaros, que si lleva mantequilla y mucha bechamel y que le queda de lujo, y que seguro que una vez que la hagáis la vais a repetir en muchas ocasiones.
Así que venga animaros a hacer esta receta el próximo fin de semana por ejemplo y veréis que éxito vais a tener. Y por supuesto no hace falta que sean “lumaconi” podéis utilizar la pasta normal que se vende para hacer canelones.
Esta es la mejor señal de que la comida ha gustado
Ingredientes:
(para 4 personas pero teniendo en cuenta que solo utilicé la mitad del relleno y la otra mitad lo congelé)
Para el relleno:
500 grs. de magro de cerdo troceado
Media pechuga de pollo
1 cebolla
4 tomates medianos maduros
3 rebanadas de pan duro de barra
1 lata de paté de higado de cerdo
7 granos de pimienta negra
100 ml. de vino blanco
100 ml. de agua
Media pastilla de caldo concentrado de pollo
6 cucharadas de aceite de oliva
Sal 
1 cazo de los de repartir sopa de bechamel
Para la bechamel:
5 cucharadas de aceite de oliva
25 grs. de mantequilla
6 cucharadas colmadas de harina
1 litro de leche entera
Pimienta negra molida
Nuez moscada
Sal
250 grs. de pasta grande para rellenar o 24 láminas de pasta para canelones 
Queso rallado para gratinar
Un par de cucharadas de tomate frito
1 cucharadita pequeña de mantequilla
Orégano
En primer lugar hacemos el relleno y para ello ponemos en una olla el aceite de oliva y sofreímos la cebolla y los tomates troceados con la piel. Pasados unos minutos añadimos la carne, un poco de sal y la pimienta y dejamos hasta que la carne haya perdido algo de color.
A continuación añadimos el paté, el pan troceado, la pastilla de concentrado de caldo y el vino, mezclamos bien y cuando veamos que el vino se ha evaporado, un par de minutos, añadimos el agua. Dejamos hacer a fuego medio entre 5 y 10 minutos hasta que veamos que el conjunto esté bastante compacto y con poco líquido.
Pasado ese tiempo trituramos el conjunto hasta que quede muy bien batido, rectificamos de sal y reservamos.
Para hacer la bechamel pondremos en una sartén el aceite y la mantequilla y cuando esta última se haya derretido añadiremos la harina. Damos una vuelta a la harina para que después la bechamel no nos sepa a harina cruda y seguidamente empezamos a añadir la leche poco a poco y sin dejar de remover. Finalmente añadimos sal, pimienta y nuez moscada al gusto. 
De esta bechamel apartamos un cazo y lo echaremos al relleno que teníamos reservado mezclando bien.
En una fuente resistente al horno pondremos en la base un par de cucharadas de tomate frito, una de bechamel y el orégano. Encima iremos poniendo nuestra pasta que después de cocida habremos rellenado con el relleno que teníamos reservado. Suelo poner una cucharadita bien colmada dentro de cada canelón o de la pasta para rellenar en este caso.
Por último cubrimos la pasta con la bechamel que teníamos reservada, echamos por encima el queso rallado y la cucharadita de mantequilla hecha trocitos y meteremos en el horno precalentado a 200º con las dos bandas hasta que el queso se gratine, unos 20  minutos aproximadamente.
Sacamos del horno y esperamos a que la pasta se enfríe un poco, si podemos, antes de hincarle el diente y disfrutar.
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