Siempre digo que en
cocina hay que saber hacer, o por lo menos intentar, lo que denomino fondo de
armario: alguna sopa buena que te consuele el estómago cuando hace falta, un
potaje de los de siempre, algún arroz guisado o en paella, y alguna carne en
salsa como por ejemplo la que hoy os presento.
Mi hermano sabe
bastante de esto que estoy hablando y es más, lo ha sufrido en sus carnes
porque fui yo la que lo introduje en la cocina sin más remedio cuando estábamos
estudiando, lo cual nos llevaba a enfrentamientos de los que ahora me río pero
entonces no me reía tanto. Al pobre le insistía tanto con el tema de que
aprendiese por lo menos la base de hacer un sofrito y de hacer platos básicos
que al final aprendió a cocinar y lo hace de maravilla. Lo mejor es que años
después se ha alegrado y se alegra mucho de dicho aprendizaje no solo el sino
también su pareja.
Y no me entendáis
mal, que la lista que os he dicho probablemente si me pongo a pensar se
ampliaría, pero para resumir os he puesto el ejemplo de platos que finalmente
son los que casi siempre terminamos preguntando a las madres como se hacen, o
por lo menos así ocurre en mi caso.
Porque llegado el
momento en que tienes que hacer frente día a día a los fogones está muy bien
experimentar con ingredientes nuevos y probar, cosa que me encanta y hago
siempre que puedo, pero solemos recurrir a los platos que hemos comido siempre
en casa para la labor diaria de la que os hablaba.
La receta que hoy
os presento es un buen exponente de ese tipo de recetas que siempre gustan, que
saben a los sabores de siempre, de guiso, y a la vez es super fácil porque se
hace todo en crudo con lo cual casi no nos da trabajo. Además es ideal para
esas veces en que tienes que llevar un plato preparado a algún sitio o también
si tienes invitados en casa y quieres dejar preparada comida para dedicarles
más tiempo a ellos.
Por último quiero
dar las gracias a mi prima Ana Mari de Andújar por darme esta receta, y es que
cocina divinamente y todas las recetas que me da salen buenas de verdad. 
Ingredientes:
1,5 Kgs. de cinta
de lomo en un trozo
2 cabezas de ajos
2 tomates maduros
2 cucharadas
colmadas de: orégano, ajo en polvo y pimentón dulce
2 guindillas
2 pastillas de
caldo concentrado de carne o de pollo
1 vaso de los de
agua (200ml.) de aceite y otro de vino blanco
Medio vaso de agua
Sal
Ponemos la carne en
crudo en la olla rápida con un poco de sal y añadimos las cabezas de ajos y los
tomates partidos por la mitad, así como el resto de ingredientes de la receta.
Tapamos la olla y dejamos cocer a presión máxima durante 20 minutos.
Pasado ese tiempo
apartamos del fuego y una vez que se haya enfriado la olla abrimos la tapa.
Ponemos a cocer sin tapar durante unos 5 minutos y probamos de sal.
Pasado ese tiempo
apartamos del fuego y dejamos la carne en la salsa hasta que se enfríe.
Una vez fría
sacamos la carne y la cortamos con un cuchillo bien afilado en filetes muy
finitos.
Finalmente colamos
toda la salsa aplastando bien para sacar todo el jugo posible y se la echamos
por encima a los filetes.
Dejamos tapada la
carne y consumimos al día siguiente que ya habrá tomado mejor el sabor del
adobo.
NOTA: después de
cortar la carne y cubrirla con la salsa, le añadí un par de ramas de tomillo
fresco, pero esto es opcional.
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