El otro día quedamos con unos amigos para comer en su casa de campo y decidimos hacer esta receta para el día señalado, en concreto este domingo pasado. La decisión de lo que íbamos a cocinar fue de José Carlos (hijo de los anfitriones) que está estudiando hostelería y mía porque cuando me habló de esta receta que habían hecho en clase me puse a salivar e inmediatamente quedó decidido que era la elegida.
José Carlos es un niño (como se dice aquí en Málaga a los jóvenes) encantador que está super ilusionado con sus estudios de hostelería y que claro, a mi que esto de los fogones me apasiona, hace que me convierta en más de una ocasión en cómplice de sus aventuras culinarias. Vaya, que no hace falta que me toque las palmas como se suele decir.
Como esta receta necesita tres días para su elaboración comenzamos el viernes por la tarde con el adobo. Para ello quedamos en mi casa y por poco me da algo cuando vi la olla que traía José Carlos: era ¡enorme!, pero es que claro 10 kilos de costillas que fue la cantidad que hicimos no se cocinan en una olla pequeña.
El sábado por la tarde puse las costillas a confitar con aceite de oliva y cuando tenía la olla en el fuego pensaba que parecía la marmita de Asterix y Obelix y que a ver como le iba a dar vueltas a las costillas, menos mal que en esa cuestión me ayudó mi marido porque sino fijo que me dejo el brazo en el intento y la verdad es que lo necesito para más cosas. La cocción para confitar las costillas se hace a fuego lento, estuvieron dos horas, y aunque parezca mentira no cogen casi aceite.
Y el tercer día, ayer, por fin las asamos y nos las comimos al mediodía en casa de nuestros amigos, y esa sin lugar a dudas fue la mejor parte de la receta.
Para hacerlas os aconsejo muuuucha paciencia porque por lo demás no me diréis que no son fáciles de hacer. Están deliciosas, se deshacen en la boca porque al haberlas confitado la carne ya está hecha, tan solo hace falta marcarla posteriormente para que el azúcar que lleva en el adobo las caramelice y haga aflorar todos los sabores del aliño. 
Esta receta me ha recordado por una parte a las elaboraciones antiguas cuando se aliñaba la carne y se conservaba en grasa, normalmente manteca de cerdo, para que aguantara el máximo tiempo posible en las orzas de barro, pero por otro lado me ha encantado añadirle especias como el cardamomo y la pimienta de Jamaica que le han dado un toque muy particular. 
El de abajo fue el plato que me comí, bueno, el primero, porque he de confesar que repetí…ya lo quemaré en las clases de step que un día es un día.
Finalmente con esta receta quiero participar en el concurso culinario organizado por Apicius, patrocinado por San Ignacio, Artepan, Taller de las tradiciones, La cocina de Plágaro, Oh!Menaje y Marvi Rótulos-Placas conmemorativas.
Ingredientes:
10 kilos de costillas de cerdo carnosas
10 cucharadas de sal
20 cucharadas de azúcar
10 cucharadas de pimentón ahumado o en su defecto pimentón dulce
10 cucharadas de tomillo
5 cucharadas de cardamomo (podéis añadir un par de cucharadas más)
7 hojas de laurel
5 cucharadas de pimienta de Jamaica (podéis añadir un par de cucharadas más) 
2 cabezas de ajos
5 litros de aceite de oliva
Se tarda tres días en hacer esta receta así que a tomárselo con paciencia.
El primer día adobamos las costillas y para ello les añadimos la sal, el pimentón y el azúcar todo ello mezclado con un vaso de aceite de oliva. Además añadiremos cinco cucharadas de tomillo y el cardamomo machacado ligeramente en el mortero. Impregnamos muy bien las costillas con el adobo.
Tapamos las costillas y las dejamos hasta el día siguiente.
El segundo día quitamos el líquido que hayan soltado las costillas y las ponemos en la olla donde las vayamos a cocinar. Añadimos el laurel, cinco cucharadas de tomillo, la pimienta y las dos cabezas de ajos partidas por la mitad. Cubrimos las costillas con el aceite de oliva (del que solo habíamos utilizado un vaso el primer día) y las ponemos al fuego hasta que empiecen a hervir.
Una vez que empiecen a hervir bajamos el fuego al mínimo y dejamos cocinar por espacio de 2 horas removiendo cada media hora las costillas. Este es el proceso de confitar las costillas. Pasado ese tiempo apartamos del fuego y dejamos tapadas hasta el día siguiente.
El tercer día, y cuando ya probablemente nos habremos comido alguna costilla para probarlas a ver que tal están, sacamos las costillas de la olla con cuidado y les escurrimos algo de aceite antes de marcarlas en la parrilla.
En esta foto se puede ver que realmente las costillas no cogen tanto aceite, de hecho el aceite colado lo echamos después en una garrafa de 5 litros y no cabía. Además sacamos todos los trocitos de carne que había al fondo de la olla y que nos fuimos comiendo mientras preparábamos las costillas
Si tenemos la suerte de tener un horno y unas buenas brasas como las de la foto pondremos encima las costillas sobre una parrilla para que se asen durante cinco minutos como mucho. También lo podéis hacer en una plancha de cocina convencional para marcarlas básicamente porque la carne realmente ya está cocinada.
Sacamos del horno, damos la vuelta y volvemos a asar por el otro lado teniendo mucho cuidado de que no se nos quemen. Finalmente sacamos del horno y degustamos.
NOTA: no todos los días cocina una 10 kilos de costillas pero basta con que reduzcáis cantidades y la receta os va a salir igual de estupenda.
La llamada pimienta de Jamaica no es tan picante como la pimienta negra, es de mayor tamaño y además su sabor recuerda a otras especias como el clavo, la canela, la nuez moscada y la propia pimienta negra. Para mí ha sido todo un descubrimiento.
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