El sábado por la mañana me encanta darme una vuelta por las tiendas de alimentación que tengo cerca de casa, no solo porque toca hacer la compra sino porque tengo algo más de tiempo para improvisar la comida con lo que vaya viendo y más me guste.
Uno de los sitios que más me gusta visitar es la pescadería y concretamente este sábado pasado era visita obligada porque me levanté con unas ganas terribles de comer conchas finas. Y es que las conchas finas son un molusco que descubrí cuando me vine a vivir a Málaga y que me enamoró desde el principio. Son típicas de esta tierra y se suelen comer crudas con un poco de pimienta molida y un chorrito de limón, ricas ricas os lo aseguro.
El caso es que llego a la pescadería y para mi decepción no tenían así que sobre la marcha me decidí por unos salmonetes y unas gambas pequeñas para rebozarlas y freirlas que se comen casi como si fueran pipas.
Por último vi estos mejillones que hoy os presento, tan chiquitos, tan limpios y pensé hacerlos con cilantro fresco que tenía en casa y así de casualidad nació esta receta.
Os aseguro que el cilantro le da un toque a los mejillones riquísimo, bueno, es que a nosotros nos encanta el cilantro porque su sabor añade un toque de frescura a la comida excepcional aunque he de reconocer que su uso no es demasiado generalizado en nuestra gastronomía.
Así que si os gustan los mejillones probad esta receta que seguro que os pasará como a nosotros y no podréis dejar de mojar pan en la salsilla.
Que no falte el mojeteo, bueno, y la cervecita ya que nos ponemos…
Ingredientes:
500 grs. de mejillones pequeños y limpios
3 ajos
1 ramito de cilantro fresco, solo las hojas
Pimienta negra molida
1 guindilla
1 chorrito de vino blanco seco tipo amontillado
3 cucharadas de aceite de oliva  
Machacamos en el mortero los ajos con el cilantro y añadimos el vino. Reservamos.
En una sartén ponemos el aceite y añadimos los mejillones. Añadimos una pizca de pimienta negra molida y la guindilla. 
Tapamos la sartén y ponemos al fuego unos 3 minutos hasta que veamos que los mejillones se van abriendo.
Añadimos el majado que teníamos reservado y seguimos haciendo otros tres o cuatro minutos hasta que veamos que todos los mejillones se han abierto y que no están crudos.
Apartamos y a comer y disfrutar.
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