¡Hola a tod@s!
¿Cómo ha ido ese verano? Espero que hayáis disfrutado de las vacaciones o que estéis disfrutando de ellas los que las empezáis ahora.
Yo me incorporo mañana al trabajo visto que no me ha tocado ningún euromillón, y la verdad es que he pasado unas vacaciones estupendas y tranquilas visitando amigos y familiares y con algún que otro viaje de por medio, vaya un no parar.
En lo que a la cocina se refiere pues me ha pasado como otros años en los que me llevo a casa de mis padres recetas pendientes de las que digo que haré cuando tenga algo más de tiempo pero que al final, y aun teniendo tiempo, no hago. Y es que las siestas están tan buenas en vacaciones…
El caso es que aun así me he pegado bastante tiempo en la cocina porque mi padre ha sembrado huerto este año y vista la cantidad de riquísimos tomates que tenía disponibles pues no me quedaba otra que preparar tomate frito, pisto (que tengo congelado para todo el año) y mermelada. Y además de cocinar tomates en diferentes versiones este año me ha dado también por hacer mermelada de higos que hacía ya un par de años que no cocinaba y que nos encanta en casa.
Así que estas son las mermeladas que hemos comido en los desayunos veraniegos de mi casa este año y que quiero compartir con vosotros mientras haya buenos tomates e higos para poder hacerlas , y es que el buen producto y de temporada es lo fundamental para que la mermelada salga buena.
La mermelada de higos con un buen pan de pueblo
La mermelada de tomate…
…que salió de estos tomates tan hermosos cultivados por mi padre 
Tengo un tarro de cada una de ellas guardado para más adelante como recuerdo del verano, y también me he traído como recuerdo algunos kilos de más, vaya más bien se han venido conmigo sin invitarlos después de cenas y comidas tan copiosas como estas
Pero también he disfrutado con puestas de sol tan maravillosas como esta de Conil, y esas solo engordan nuestro interior, uf, que trascendental me estoy poniendo
Pues lo dicho, que como siempre os animo a que hagáis estas recetas y sino pues que las pongáis en pendientes para el año que viene para cuando empiece la temporada de ambos frutos, y yo voy a ponerme al día de los blogs que sigo y seguidamente voy a hacer la lista de la compra y a ordenar un poco y a ponerme a régimen, uf, cuantas cosas, mejor voy a echarme la última siesta de las vacaciones que ya me estoy estresando.
Para la mermelada de higos:
Ingredientes:
600 grs. de higos pelados
300 grs. de azúcar
1 rama de canela 
En primer lugar pelamos los higos y vamos pesando hasta que nos de la cantidad de mermelada de higos que queramos hacer, en mi caso fueron 600 gramos y es la referencia que os voy a dar.
Añadimos el azúcar y la rama de canela y mezclamos bien con una cuchara.
Ponemos el cazo o a la olla donde haremos la mermelada a fuego medio tapada removiendo cada 7 u 8 minutos aproximadamente para que la mermelada no se pegue al fondo del cazo ya que al tener azúcar es fácil que se nos pegue.
Dejamos al fuego durante unos 40 o 50 minutos hasta que veamos que la mezcla esté brillante y que ha perdido el líquido que suelta la fruta al cocer. Pasado ese tiempo apartamos del fuego y ya tendremos lista la mermelada para consumir una vez que se enfríe.
Para la mermelada de tomates:
Ingredientes:
Tomates maduros
La mitad de cantidad de azúcar que de tomate
En primer lugar hay que escaldar los tomates para pelarlos y para ello pondremos agua a hervir, y una vez que esté hirviendo añadiremos los tomates a los que haremos un par de cortes en el culo con un cuchillo para que la piel se despegue bien.
Cuando el agua vuelva a hervir de nuevo dejaremos cociendo los tomates durante unos ocho minutos, apartándolos pasado ese tiempo.
Una vez estén fríos los pelamos, les quitamos las semillas y los troceamos.
Pesamos los tomates troceados y añadimos la mitad del peso de los mismos de azúcar.
Mezclamos bien y ponemos en el cazo o la olla donde vayamos a hacer la mermelada cuyo proceso de elaboración es el mismo que para la mermelada de higos.
NOTA: el líquido resultante de pelar los tomates lo podéis guardar para hacer sopa o, como fue mi caso, para beberlo.
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